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¿Qué sucedió con esta presentación  del primer ministro chino Wen Jiabao ante la Asamblea Nacional Popular de China,  exactamente  hace un año?
 
El primer ministro, Wen Jiabao, presenta ante la Asamblea Nacional Popular un espectacular aumento del presupuesto público para crecer al 8 por ciento y estimular el consumo
PABLO M. DÍEZ | CORRESPONSAL EN PEKÍN
Publicado Jueves, 05-03-09 a las 17:57
Mientras los turistas se hacían fotos bajo el retrato de Mao en la entrada a la Ciudad Prohibida y la Policía detenía a los “peticionarios” que querían acceder a la plaza de Tiananmen con su lista de agravios judiciales, el primer ministro, Wen Jiabao, desgranaba en el blindado Palacio del Pueblo la fórmula para sacar a China de la crisis.
Ante 2.985 diputados venidos de todo el país, algunos con sus trajes tradicionales, Wen Jiabao inauguró esta mañana la reunión anual de la Asamblea Nacional Popular, el máximo órgano legislativo del régimen chino, con un discurso sobre el estado de la Nación de marcado carácter económico y condicionado por la recesión global.
En estos tiempos de caída en picado de las inversiones privadas y la demanda, el único remedio que le queda a los Estados está claro: gastar más y más. Como no podía ser de otra manera, Pekín tirará del déficit público para aumentar los gastos sociales y frenar la inestabilidad provocada por la crisis, que ha dejado a 20 millones de chinos sin trabajo por el cierre masivo de fábricas debido al descenso de las exportaciones.
Aun así, la cifra récord del déficit estatal, que asciende a 950.000 millones de yuanes (110.905 millones de euros), sólo representa un 3 por ciento del Producto Interior Bruto, mientras que en Estados Unidos ya va por el 12 por ciento. Por su parte, la emisión de deuda pública únicamente supondrá un 20 por ciento del PIB, lo que significa que el gigante asiático todavía tiene margen de maniobra para hacer frente a los momentos más duros de la debacle.
“Nos enfrentamos a desafíos sin precedentes. La crisis financiera global sigue extendiéndose y empeorando. Continúa disminuyendo la demanda en los mercados internacionales, la tendencia a la deflación es clara y ha resurgido el proteccionismo comercial”, explicó en su alocución el “premier” chino, quien mezcló el frío análisis de la situación con un mensaje de esperanza para el futuro.
Así, Wen Jiabao auguró un crecimiento económico del 8 por ciento para este año, que suele ser la cifra habitualmente barajada por el Gobierno. Pero, en esta ocasión, dicha previsión puede resultar algo arriesgada porque el Producto Interior Bruto (PIB) “sólo” subió un 6,8 por ciento durante el último trimestre de 2008 y arrastró el cómputo global al 9 por ciento.
Tal incremento, envidiable en cualquier otro país, supuso para China un descenso de tres puntos con respecto al crecimiento de 2007 y se acercó al peligroso límite de viabilidad que tiene una economía de tan gigantescas dimensiones. Y es que el coloso oriental debe crecer entre un 7 y un 8 por ciento cada año para generar 30 millones de nuevos puestos de trabajo.
Sin embargo, la estimación para este año es que se creen nueve millones de empleos en las ciudades y que el paro urbano oficial, que no cuenta a los emigrantes procedentes del campo, no supere el 4,6 por ciento, la tasa más alta desde 1980.
“En China, un país en vías de desarrollo con una población de 1.300 millones de habitantes, mantener un cierto grado de desarrollo económico resulta esencial para fomentar el empleo, aumentar los ingresos del pueblo y asegurar la estabilidad social”, reconoció Wen Jiabao el riesgo de estallido en el “dragón rojo”, donde cada año se producen decenas de miles de revueltas populares, sobre todo por las expropiaciones irregulares de las tierras de los campesinos por parte de las corruptas autoridades locales.
A este grave problema se suman las cada vez mayores desigualdades entre ricos y pobres y entre las ciudades de la desarrollada costa industrial y los pueblos del atrasado mundo rural, que componen la cara y la cruz de una misma China a veces irreconciliable. En 2008, los ingresos medios anuales de la población urbana, que ascendieron a 15.781 yuanes (1.838 euros), volvieron a triplicar a la renta per cápita rural, que fue de 4.761 yuanes (554 euros).
Con la intención de desactivar esta bomba de relojería, el Gobierno central aumentará su presupuesto un 24 por ciento hasta ascender a 4,3 billones de yuanes (500.649 millones de euros). Entre las partidas que sufren mayores aumentos destacan el gasto en zonas rurales, que se elevará un 20 por ciento y alcanzará los 716.100 millones de yuanes (83.354 millones de euros), y la progresiva extensión de una todavía precaria seguridad social, que recibirá un 17,6 por ciento más de fondos y llegará a los 293.000 millones de yuanes (34.094 millones de euros). El presupuesto de sanidad se incrementará un 38,2 por ciento hasta rebasar los 118.000 millones de yuanes (13.750 millones de euros), con el propósito de que el 90 por ciento de la población tenga un seguro médico dentro de tres años.
Además, Pekín pondrá en marcha un ambicioso plan de estímulo de la economía que, anunciado en noviembre, será aprobado por la Asamblea Nacional. Aunque en los últimos días se había especulado con la posibilidad de que el régimen aumentara dicha iniciativa con fondos adicionales, el primer ministro confirmó que finalmente estará dotado con los 4 billones de yuanes (464.813 millones de euros) programados en un principio. De ellos, el Gobierno central aportará 1,8 billones de yuanes (209.553 millones de euros) y el resto corresponderá a las autoridades locales, que harán especial hincapié en fomentar el empleo mediante grandes obras en infraestructuras públicas, potenciar las inversiones de pequeñas y medianas empresas gracias a la flexibilización de los préstamos e incentivar el consumo.
Todos estos esfuerzos sociales pretenden, además de mejorar el nivel vida de los chinos gracias al desarrollo del país, incentivar el consumo privado en una sociedad que se encuentra muy desprotegida por un Estado que ha pasado de la planificación comunista al capitalismo más salvaje. Tras perder buena parte de sus antiguos servicios públicos, sobre todo sanitarios y educativos, los chinos ahorran un 20 por ciento de sus exiguos salarios para hacer frente a posibles enfermedades y a un futuro sin pensiones de jubilación.
Por ese motivo, se supone que la creación de un paraguas social permitiría un aumento del consumo interno que, en teoría, serviría para contrarrestar la caída de las exportaciones, de las que depende la economía china en su condición de “fábrica global”.
No lo ve así, sin embargo, Michael Pettis, profesor de Finanzas de la pequinesa Escuela de Negocios Guanghua, quien explicó a ABC que “será muy difícil que China estimule el consumo privado aunque mejoren las condiciones sociales y aumenten los préstamos, ya que el cambio de modelo económico necesita tiempo y no puede ocurrir de la noche a la mañana”.
Aunque Pettis se congratuló de que el Gobierno chino no se había “dejado llevar por el pánico ni sobreactuado ante la crisis”, se mostró pesimista con respecto al plan de estímulo de la economía y sus efectos en el resto del mundo. “Los países occidentales piensan que China puede ayudarlos a salir de la crisis, pero esto es imposible porque, a pesar de su enorme población, su consumo es igual al de un país europeo como Francia y eso no resulta suficiente para tirar del carro”, analizó Pettis, quien aseguró que el gigante asiático “tiene un exceso de capacidad productiva y el planeta no necesita más producción, sino menos, debido a la caída de las exportaciones”.
Por ese motivo, el profesor de Finanzas vaticinó que “los problemas seguirán siendo los mismos, o peores, el próximo año, ya que esta crisis aún durará bastante tiempo”.
 
 
 
 
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