Yorgos Papandreu

Por Max Seitz

Les propongo un juego, un juego editorial si se quiere. La única regla es que deben imaginar que tienen los ojos vendados y juzgar como si fueran un actor de los mercados financieros. Y tienen que hacerlo de forma implacable.
El ejemplo es real, pero no revelaré el nombre por ahora.

Veamos. Existe un país cuyo gasto público se acerca o supera lo que produce y que ha tenido dificultades para honrar los intereses de su deuda.

Desde hace meses ese mismo país ha estado al borde de una cesación de pagos (o default) y las agencias de calificación le han bajado la nota.

Para muchos analistas, un default sería catastrófico para la economía mundial. Sin embargo, incluso ante esta advertencia, los políticos que deciden sobre el destino de esa nación no se han puesto de acuerdo sobre cuál es el mejor camino para salir del brete.

Ahora ustedes me dirán…

Si aplicasen el juicio severo de los mercados con apenas los datos que expuse antes, seguramente concluirían que estamos ante un país en serios problemas, que genera mucha incertidumbre y una gran desconfianza.

Probablemente me anunciarían, también, que saldrían a vender cualquier activo proveniente de esa nación, a la que pasarían a considerar una suerte de paria financiero. ¿Me siguen?

Claro. Para ustedes, el hipotético mercado, la posibilidad de un default es un horroroso cuco. El Fondo Monetario Internacional (FMI) debería meter mano y obligar al gobierno a reducir su gasto, privatizar los servicios públicos, aumentar los impuestos y, sí, accionar la tijera de la austeridad.

¿Qué pasaría si les dijera que ese país es Grecia? ¿Mantendrían su opinión ustedes, el mercado? ¿Y si fuese Italia? ¿Harían lo mismo? Tal vez sí (“ahora más que nunca”).

¿Y si les revelara que se trata de Estados Unidos? ¿Cambiarían de parecer y atenuarían su evaluación? ¿Declararían que “no es tan así”? Piénsenlo.

He aquí el problema. Antes el mismo punto de partida, los actores del mundo de las finanzas parecen aplicar criterios disímiles: Grecia vive en un desorden contable y político, e Italia tiene un rojo en sus balances agravado por la dudosa credibilidad de Silvio Berlusconi, mientras que Estados Unidos… bueno, la mayor economía del mundo eventualmente sabrá cómo sobreponerse.
Silvio BerlusconiEn otras palabras, así como a veces los juicios de la diplomacia internacional responden a los intereses de las potencias, las sentencias del ámbito financiero en algunos casos reflejan los intereses de las economías hegemónicas o las industrias predominantes, como la financiera.

Y a ello hay que añadirle que esos juicios tienen un innegable componente irracional. Como ya les contamos en BBC Mundo, el mundo de las finanzas ya es cosa de psicólogos.

Claro que se podría objetar que hay razones para distinguir entre Grecia e Italia, por un lado, y Estados Unidos, por el otro.

Los griegos efectivamente tienen serios problemas para generar recursos, los italianos están empezando a padecer el mismo mal y los gobiernos de ambos están en crisis, mientras que Estados Unidos puede salir adelante tan sólo por el dinamismo de su economía y su enorme capacidad productiva, además de tener una administración más estable.

¿Pero es suficiente todo esto para justificar una percepción tan diferenciada, si la base del problema, su columna vertebral, es la misma?

Y esto hay que tenerlo en cuenta en la cobertura periodística de las crisis que aqueja a la eurozona: no dejarse tentar por las opiniones parciales de los actores económicos.

En BBC Mundo empezamos por aclarar de qué se está hablando y elaboramos un diccionario de la crisis; definimos los términos que abundan en las noticias pero que quizás pocos comprenden.

En el caso de Grecia, les contamos los intereses que hay detrás de una evaluación pesimista del país: con el derrumbe ganan las multinacionales y los fondos de inversión de alto riesgo.

Además, expusimos la visión de quienes, a contracorriente, creen que después de todo un default no sería tan malo para los griegos y examinamos qué sucedería si el gobierno de Atenas abandonase el euro.

Y también analizamos cómo el referendo anunciado por Yorgos Papandreu para que los griegos -ya sumidos en la austeridad- decidan si están dispuestos o no a soportar más recortes, se convirtió en un ejercicio democrático “indeseable” para los mercados y la Unión Europea. Nos llamó la atención que, en esto, el bloque que presume de su carácter democrático le diera la espalda al país que inventó la democracia.

Asimismo, describimos el problema político que subyace en la crisis de la eurozona y, atado a esto, enumeramos las opciones que tienen ante sí los europeos para salir a flote.

Es más: cuando los mercados empezaron a voltear su mirada hacia Italia analizamos cuidadosamente cuál es el problema concreto allí, más allá de las evaluaciones de las calificadoras de riesgo.

Insisto: nuestra función como periodistas es tratar de ir más allá de las percepciones sectoriales e interesadas, y esto en ocasiones significa “no comprar” la versión que en principio nos ofrecen los mercados.

No digo que tengamos que ignorar la interpretación de los actores financieros -después de todo ellos tienen su peso específico en la economía-, sino que debemos tomarla como de quien viene. Ni más ni menos.

No soy afecto a los refranes -y mucho menos a repetirlos- pero debo reconocer que hay uno que expresa bien lo que intento decir: “En negocios de mucho tomo (importantes), ándate con pies de plomo”.

(Fuente: http://www.bbc.co.uk/blogs/mundo/blog_de_los_editores/2011/11/el_juego_de_la_deuda.html#more y selección de Mon Money)

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